Prem Ramdass Singh
Actualizado: 6 sept
Om Chanting
Co-fundador
Servidor y practicante
UNION: Espacio de prácticas

Un libro: Un curso de milagros, Helen Schucman
Una canción: El abismo, Alonso del Río (Escucha aquí)
Un hábito: Ir los martes al curso de milagros (se ríe)
Una parte del cuerpo: El corazón
Una frase/frase: El que no vive para servir, no sirve para vivir
Un animal: El jaguar
Un arquetipo: El loco
Un momento del día: La noche
¿Cómo te presentas al mundo?
El nombre que me dieron mis padres es Juan David Hernández Cruz. Mi nombre en el más allá y en el más acá es Prem Ram Das.
Me considero un caminante y explorador del mundo, un curioso del camino. Soy creyente de la libertad. Un anarquista solidario. Creo en la igualdad de todos los seres.
Mi función en este mundo es la unión. Mi visión es poder caminar juntos hacia la libertad y alcanzar la divinidad.
Soy practicante de Kundalini Yoga y Raja Yoga. Devoto de Hanuman, Ram, Krishna y Babaji. Sigo el camino de los sikhs, los esenios, Lemuria, Jesús y María Magdalena, y soy caminante del yagé.
¿Cuáles son los pilares de tu vida?
Soy practicante de Un curso de milagros y creo en la sanación a través de la relación con mis hermanos y hermanas.
Me rijo por el camino de Jesucristo y por la enseñanza del «yo soy». Sigo su mensaje de no sometimiento ante ningún gurú, líder o maestro.
Creo en el desarrollo personal, en convertirse en el propio gurú y alcanzar la libertad a través del colectivo, para despertar de esta matrix, de esta maya, de este sueño.

¿Qué significa el anarquismo solidario?
Va de la mano con aquello que profesa Jesucristo sobre el «yo soy» y la libertad.
Se trata de convertirse en el propio gurú, de ser quien se conduzca de la oscuridad hacia la luz.
El sistema tiene reglas establecidas y un deber ser, pero en este camino espiritual que he transitado desde pequeño he aprendido a formular mis propias reglas.
Lo solidario surge de la certeza de que, si vamos a llegar a algún lugar, será juntos.
Siempre he sentido el llamado interno de unir a las personas y de estar al servicio del mundo.
Existe un concepto dentro del budismo, el de los bodhisattvas, que plantea que hay seres que eligen encarnar en esta realidad únicamente para sí mismos y otros que lo hacen para alcanzar la iluminación junto a todos los demás.
Me considero parte de este último grupo.
¿Qué entiendes por “espiritualidad” y cómo lo articulas en tu vida?
La espiritualidad la articulo desde la entrega, la visión y el colectivo.
Mi práctica cotidiana son las relaciones que construyo, desde la unicidad y la no polaridad.
Mi abuela me crió y siempre me habló de Jesús. Más allá de un concepto religioso, me enseñó la importancia de ser bueno con los demás, de no hacer daño y de vivir con humildad y compasión.
Eso me llevó, desde muy pequeño, a participar en colectivos sociales. Pasé mucho tiempo vinculado al antifascismo, a las juventudes comunistas y a colectivos antirracistas.
Esos fueron mis primeros acercamientos a lo espiritual: reconocerme en mis hermanos y hermanas, desarrollar la noción de que estoy para el otro y comprender la igualdad como un principio de vida.
Ya en la adultez, y a través del trabajo, encontré aún más sentido en la idea de que juntos somos más fuertes. Esa comprensión tomó forma a través de mi colectivo, BONES.
Más adelante, al relacionarme con la medicina del yagé y caminar durante ocho años junto a comunidades indígenas, abriéndome a su cosmovisión y a su forma de entender el mundo, aprendí sobre la magia del territorio.
Ese camino me permitió reconectarme con mis raíces y sensibilizarme con la Madre Tierra, algo que sentía ausente en mi vida.
Continuando la búsqueda, empecé a preguntarme si lo único que sabía hacer era ejercer mi profesión. Allí nació la curiosidad por otras prácticas que me ayudaran a desarrollar quién soy.
Fue entonces cuando encontré el Kundalini Yoga, una práctica profundamente energética que abrió la puerta a otros caminos, como el Bhakti Yoga, con el que me identifico especialmente por ser el camino de la devoción.
Por primera vez escuché mi voz cantando mantras. Aquello abrió mi corazón y me permitió reconocerme desde un lugar completamente nuevo.
El Raja Yoga, entendido como poner la conciencia en el trono, me ha brindado herramientas para transitar el mundo.
Conocer las deidades hindúes que mencioné anteriormente —Hanuman, el devoto perfecto; Babaji, el gurú de gurús, con quien me formé en Kriya Yoga; y Ram y Krishna, dentro de la tradición vaisnava— me ha enseñado profundamente sobre el amor incondicional, la entrega y la relación con lo divino.
Actualmente, uno de mis principales anclajes es UNIÓN, un proyecto que me ha permitido formarme junto a dos de mis hermanos más queridos.
En este espacio convergen todos los pilares que he construido a lo largo de mi vida. Es un lugar destinado a que las personas desarrollen un profundo sentido del más acá.

Ahondemos en la idea del Más Acá.
Muchas personas hablan del más allá, de aquello que no podemos percibir con nuestros sentidos.
Sin embargo, un maestro a quien aprecio profundamente dijo en una conversación que, cuando uno transita estos caminos, no se trata de ir más allá, sino de venir más acá.
Es comprender que el amor incondicional habita en nosotros y no fuera de nosotros.
La autoridad interior y la guía divina —llámese Espíritu Santo, amor, Dios o verdad— se encuentran en el más acá. No hay que ir a ningún otro lugar.
Se trata de habitar el interior.
¿Cómo esbozarías eso que llamamos D-os?
Creo que Dios es amor.
En Un curso de milagros se habla de un amor que habita en ti, que siempre ha estado allí, pero que no proviene de ti. Es una inteligencia más grande.
Para mí, Dios es amor. Es la totalidad.
Recuerdo que una vez, en un temazcal en el monte Shasta, alguien dijo: «Uno es igual a uno».
Creo profundamente en esa unicidad.
No en el uno individual, sino en el Uno eterno e infinito donde todos nos encontramos.
Ahí está Dios.
¿Crees que hay una finalidad de la existencia humana?
Todos somos una manifestación de Dios.
Tanto en Un curso de milagros como en algunas corrientes tántricas se habla de que el amor de Dios entra al mundo a través de nosotros.
Somos instrumentos para que la Madre Tierra pueda actuar.
Creo que ahí radica el sentido de la existencia: ser canales para que el amor se manifieste.
Si todo es una creación divina, ¿cómo concibes la distorsión o los males del mundo?
No me considero quien para juzgar qué está bien y qué está mal.
Todos estamos atravesando un proceso de evolución y aprendizaje diario.
Thích Nhất Hạnh decía: «Soy el asesino y el asesinado, el abusador y el abusado».
Todo lo que sucede tiene algo que enseñarnos.
No creo que nada esté realmente distorsionado.
Todo es Dios.
La planta es Dios. Quien está feliz es Dios. Quien está triste es Dios.
La distorsión es una construcción humana.
¿Alguna consideración sobre la vacuidad?
No lo sé con certeza.
Pienso en el budismo.
Cuando le preguntan a Buda qué es Dios, responde que no lo sabe. Sin embargo, al meditar encuentra un espacio vacío donde siempre hay paz.
Para mí, la vacuidad se encuentra precisamente en ese más acá, donde puedo encontrarme con mi silencio.

¿Cuál es la motivación de trabajar por un espacio al servicio de la colectividad?
Si tuviera que señalar dos proyectos que marcaron un antes y un después en mi vida, serían BONES y UNIÓN.
BONES nació junto a mis mejores amigos en una etapa de mucho éxito profesional. Sin embargo, muchas personas cercanas a nosotros atravesaban dificultades laborales.
Decidimos unirnos para crear un colectivo donde pudiéramos desarrollarnos profesionalmente, sentirnos apoyados, apoyar a otros y cumplir nuestro papel dentro del sistema desde nuestros talentos.
UNIÓN, por su parte, es el resultado de un proceso de maduración.
Nos dimos cuenta de que también son necesarios espacios que nos permitan salir, aunque sea por un momento, de ese sistema que nos ha condicionado durante toda la vida.
Crear este lugar responde a la necesidad de pausar la película y disponer de un espacio donde podamos encontrarnos con nosotros mismos.
Lo considero un trabajo profundamente social: construir, con dedicación y esfuerzo, un lugar para que otros puedan disfrutar de sí mismos.
Y, sobre todo, me llena de orgullo sentir que el camino va por ahí.
Las prácticas que ofrecemos son el resultado de todo aquello que hemos ido encontrando y reuniendo como una forma de compartir el mensaje.
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*UNION: Espacio de prácticas agradece profundamente el tiempo, esfuerzo y tejido que supone compartir los saberes.




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