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Daniela Ortega

14 ago
7 min de lectura

Hatha Raja Yoga

Servidora y practicante

UNION: Espacio de prácticas



Un libro: El libro tibetano de la vida y de la muerte, Sogyal Rimpoché

Una canción: Doy fé, Diego Torres

Un hábito: Cocinar

Una parte del cuerpo: La cadera

Una frase: Esto también pasará

Un animal: El jaguar andino

Un elemento: El aire

Un arquetipo: El Sol

Un momento del día: El atardecer

Práctica favorita: Nada Yoga (Yoga del sonido)


¿Quién es Daniela?

Creo que siempre trato de presentarme desde la transparencia.


Intento sentirme auténtica y expresarme desde lo que soy y desde todas mis facetas.


Estoy en constante transformación y cambio; no me gusta casarme con una idea.


¿Cómo llega el Yoga a tu vida?

El Yoga llegó a mi vida en un momento muy importante.


En una etapa de mucho estrés y ansiedad, en que veía la vida muy oscura. Fue entonces cuando empecé a estudiar mitología y filosofía de la India y eso me cambió por completo. Me abrió la mente, mostrándome un mundo que me llevó a lo que se conoce como el “despertar espiritual". 


Desde hace 7 años, puedo decir que he podido conectar con la magia del mundo, con lo trascendental y profundo. El camino me ha mostrado muchas herramientas. 


En occidente tenemos una idea del Yoga como algo muy corporal y físico, y aunque esto hace parte de la práctica, para mi su filosofía de vida es revolucionaria, pues busca la libertad del ser. 


Eso ha sido muy valioso, porque me ha permitido explorar e integrar miles de caminos, comprendiendo que, en esencia, todos son uno solo. 



¿Podrías ahondar en lo que entiendes por Yoga?

Dentro de la cosmovisión de la India, el Yoga se erige como una de las seis corrientes filosóficas tradicionales (darsanas) que encuentran su raíz y sustento en la sabiduría ancestral de los Vedas, en la que se busca la unión del ser.


En esta cosmovisión, Brahman constituye la conciencia universal y cósmica que se materializa a través de la identificación. Al devenir en planetas, astros y seres, se olvida de quién es; olvida su naturaleza universal, cósmica, divina y expansiva. 


El Yoga es el camino que busca recordar esa naturaleza primordial, es decir, salirnos de la identificación limitante de ser solamente un cuerpo, un nombre o un conjunto de gustos, para llegar a algo más esencial y universal del ser.     


¿Cual es la historia mitológica con la que más te conectas de esta tradición?

Me encanta el cuento de Shiva y Parvati. 


En la mitología de la India existe la Trimurti, que representa una visión filosófica fundamental de los Vedas y simboliza la creación, la preservación y la transformación; acompañados siempre de sus consorte o contrapartes femeninas. 


Shiva es una de esas principales deidades que simboliza la destrucción y Parvati el amor y la devoción.


En la historia, Shiva está meditando en los Himalayas, y Parvati, su esposa, se siente muy triste. Le reclama su falta de afecto, indicando que la toma por sentado. Shiva le propone un juego donde se separan para encontrarse. De allí surge la idea de Lila, el juego cósmico, dónde ambos se están escondiendo y buscando constantemente, hasta encontrarse, reconociendo su esencia. 


En mi vida, esta idea del espacio, la separación y el encuentro ha sido muy importante. Es un principio cósmico que intento aplicar. El espacio y el vacío nos ayudan a comprender la plenitud y a sentir cómo podemos abrazar algo. También nos permiten entender la acción y la no acción.

Esa búsqueda del balance entre los opuestos está siempre presente, tal vez porque soy Sol en Libra (risas).


Hablemos de la libertad en el Yoga.

El Yoga fue y sigue siendo muy revolucionario porque parte de la idea filosófica del samsara. 


El samsara es el ciclo de nacimiento, muerte y renacimiento en el que cada ser atraviesa la existencia de acuerdo con su dharma y su karma. El samsara trae sufrimiento, enfermedad, vejez; aspectos que no resultan agradables. 


Al estar inmersos en ese ciclo eterno, el Yoga es un camino que muestra cómo comprender esta realidad. 


Te permite indagar en la dualidad del mundo sin juzgar desde una moral de bien o mal. El Yoga expone a la ignorancia -que es el desconocimiento de las leyes del cosmos- y enseña a trascenderla desde una búsqueda interna. 


La respuesta no te la va a dar alguien, la única salida es ir hacia adentro, conocerte a ti mismo y comenzar a elevar tu mente y tu consciencia. 


Es una invitación a sostener una observación interna que te permite profundizar hasta alcanzar un estado llamado moksha: la liberación del samsara. 


Ahí se rompe el ciclo de renacimiento.



¿Cómo ha sido encarnar este camino?

Uf, creo que ha sido muy valioso porque cuando he tenido que vivir procesos difíciles, este camino me ha dado las herramientas para transitarlo.


Por ejemplo, desde la óptica de la impermanencia, para ahorrarme mucho sufrimiento. 


Hay momentos que retan, pero cuando recuerdo que nada en la vida es permanente y que esa es precisamente la naturaleza del cosmos, me lleno de tranquilidad y aparece el poder de aceptar lo que es. 


¿Cómo conviven estos saberes con el hecho de ser una mujer de occidente?

Cuando empecé a estudiar filosofía y mitología de la India, me preguntaba ¿Por qué no nací en India? ¿Por qué nací en Colombia? 


Me sentía incomprendida y sola en el camino. No tenía con quien compartir los intereses para poder seguir creciendo y evolucionando. No había un grupo que me sostuviera. 

Adentrarme en el camino fue difícil, pero también empecé a entender -gracias a mis maestros y los diferentes hallazgos- que aquí tenemos una raíz divina. 


Mi experiencia actual me ha llevado a conectarme con la ancestralidad del territorio, a caminar, recorrer y entender sus cosmovisiones. 


Lo Hindu tiene mucho valor y conocimiento, pero eso no eclipsa la fuente de conocimiento que tenemos y que debemos continuar tejiendo desde lo que somos.


¿Qué pilares sostienen tu vida?

Primero, el camino del autoconocimiento. 


Todo el tiempo estamos afuera. Nuestro pensamiento está en el pasado o en el futuro y pocas veces cultivamos el estar presentes en un lugar. La presencia me ha traído unos insights desde los que intentó vivir. Si estoy aquí contigo, estoy aquí contigo, si estoy comiendo, estoy comiendo. 


Y es en ese descubrimiento que se ha vuelto importante en mi vida la felicidad. Es un radar de mi dharma, de mi propósito. Cuando me siento feliz, entiendo que es una forma de conectar con los espacios o personas. Se ha vuelto muy importante seguir mi intuición; es una antena para afinar qué, dónde y con quién estar. 


Es lindo vivir desde la plenitud, el goce y la alegría. Esto se ha vuelto esencial. 


¿Cuál consideras que es tu propósito?

Todos tenemos un propósito en la vida que es completamente auténtico. 


La pregunta ¿cuál es mi propósito en el mundo? ha sido una gran búsqueda para mí. Siento que buscarlo desde el deber ser (en lo que se supone debes estudiar o trabajar) nos limita.

Para mi ha sido muy importante salir de las reglas convencionales y empezar a buscar mi camino de forma auténtica. 


Si yo me conecto con algo, es porque deseo profundizar en aquello que me hace sentir una conexión trascendental con la vida.


¿Por qué enseñar es importante?

Cuando empecé mi camino del Yoga, nunca pensé que fuera a enseñarlo. 


La práctica era muy personal, era mi medicina. En un momento, luego de caminar, practicar y compartir, apareció la posibilidad de aprender enseñando. Para mi se ha convertido en un propósito, porque si a mi me ha sanado tanto, me ha dado tanto; compartirlo podría hacer lo mismo por alguien más. 


Una respiración o un momento que permita a alguien despejarse de todo lo que está viviendo y conectar con su cuerpo y respiración, es suficiente para mi. 


Enseñar Yoga se ha convertido en un propósito muy sagrado.


¿Qué te ha sido dado en reciprocidad? 

Me ha traído mucha belleza.


Considero que uno aprende más…enseñando. 


Cuando se enseña, compartes la experiencia, lo vivido y lo poco que sabes, desde la humildad. Además al enseñar desde la esencia única y auténtica se desarrolla un sentido de responsabilidad: ¿qué comparto? y ¿cómo lo hago? 


La recompensa ha sido reconocer como algo que es valioso para mi, que me atraviesa; transforma a los demás. 


Eso me llena.


¿Una lección que haya marcado tu vida ?

Gracias al entendimiento de la impermanencia (que considero es una ley universal) pude comprender que hay cosas que no podemos controlar. Y cuando lo entiendes, te liberas.


Gran lección en mi vida.


Lo sentí con mayor intensidad cuando atravesé un proceso disruptivo que reflejo mi camino espiritual. Fue como si me hubiese preparado lo que venía. 


No hay nada a lo que aferrarse, sino una aceptación constante al cambio, que debería ser tan natural como respirar.


¿Qué es la espiritualidad para ti?

Tenemos muy asociadas las prácticas espirituales a ciertos lugares o momentos del día: ir a una iglesia los domingos, meditar a determinada hora. Pero la espiritualidad, el Yoga constituyen la vida misma, y por eso, pueden vivirse desde la cotidianidad. 


Para mi, la espiritualidad es ver la magia en el mundo. Es conectar con la trascendencia y la profundidad de nuestro ser. Es ver lo divino en todas sus formas, colores. 


Cuando habitamos la presencia, comprendemos que todos estamos conectados. Eso que nos sostiene está presente todo el tiempo; solo hace falta observarlo.


Con respecto al cuerpo creo que almacena muchas cosas: experiencias, sensaciones, emociones, traumas. Y la espiritualidad también es una exploración del movimiento a través de ese vehículo. 


No se trata de lo estético, sino de comprender que el camino del cuerpo es la ruta del autoconocimiento. 


¿Un consejo práctico para la colectividad?

Es importante, primero, reconocernos a nosotros mismos. 


Estamos desconectados de nuestras emociones, de nuestra respiración. Solo bastan 5 minutos para cerrar los ojos y preguntarnos: ¿Cómo me siento hoy? ¿Qué pasa por mi mente? ¿Qué sensaciones tiene mi cuerpo? 


Este ejercicio puede ayudarnos a encarar el mundo con más empatía. 


Colectivamente necesitamos unión. Necesitamos espacios de encuentro donde podamos ser sostenidos. 


¿Qué consideración tienes sobre UNION?

Me encanta lo que hace UNIÓN. 


Está conectado con la vida y la espiritualidad. Todas las prácticas tienen un espacio y pueden convivir. Se trata no de separar o elegir, sino de agrupar; reunir caminos que, en esencia, apuntan hacia lo mismo. 


Me gusta que se promuevan múltiples herramientas para personas que están buscando conectar con la vida desde un sentido trascendental y profundo.


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*UNION: Espacio de prácticas agradece profundamente el tiempo, esfuerzo y tejido que supone compartir los saberes.

 
 
 

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