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Catalina Roa

2 sept
6 min de lectura

Hatha Vinyasa

Servidora y practicante

UNION: Espacio de prácticas



Un libro: El libro tibetano de la vida y la muerte, Sogyal Rinponche

Una canción: Baby I’m Yours, Cass Elliot

Un hábito: El Silencio

Una parte del cuerpo: Los Ojos

Una frase: El equilibrio es encontrar el orden elegante dentro del caos de la vida

Un animal: El Gato

Un elemento: La Tierra

Un arquetipo: La Bruja

Un momento del día: El Atardecer

Póstura favorita: Malásana


¿Quién es Catalina?

Creo que la primera palabra que se me viene a la cabeza es creadora.


Siento que los caminos por los que fluye mi vida están atravesados por la creación.


Soy una creadora de lo tangible y de lo espiritual.


¿Cuáles son los pilares de tu vida? 

Lo más importante, aquello que conecta todo lo demás, es el amor. Me da la fuerza para enfrentar la vida. El amor debe estar presente en todo lo que hacemos, no solo en las relaciones con familiares y amigos, sino también en la forma desde la cual decidimos actuar.


Comunicarse con amor es importante. Tener disciplina con amor es fundamental.


¿Cómo llega el Yoga a tu vida?

Llega desde muy pequeña. Mi bisabuelo creía en la espiritualidad más allá de las religiones.


Era un ser muy sabio que basaba su vida en la conexión con Dios. Eso nos lo transmitió.

Crecimos en un colegio Krishna. Crecimos escuchando mantras. Conforme fuimos creciendo, esa información fue adquiriendo mayor profundidad y valor.


En mi adultez, maduró hasta el punto en que fue claro que lo necesitaba. Creo que muchos podríamos coincidir en que el yoga te encuentra en medio de un reto o de un momento difícil. Es un regalo de la vida.


¿Cómo el Yoga revoluciona tu vida?

Llegó para ofrecerme claridad y disciplina. 


En aquel entonces atravesaba una coyuntura que requería mucho de mí, y el Yoga llegó para darme certeza sobre aquello de lo que era capaz y sobre mucho más.


Me enseñó a no desistir para poder cumplir con los sueños y afrontar los retos, además, claro está, de poder recorrer el camino como tal.


Entender la impermanencia a través de una herramienta hace la diferencia.



¿Cómo ha sido caminar el sendero del Yoga?

Ha sido un camino de autoobservación.


Cuando empecé, durante dos años lo hice de la mano de una escuela, pero después se convirtió en una exploración de la autopráctica.


Este caminar ha moldeado las relaciones, por ejemplo, con mi familia. Me ayudó bastante con mi mamá, a sanar las heridas del pasado.


No creo que la familia quiera generar traumas en uno a propósito, pero sucede, y las herramientas permiten abordarlos desde otras miradas.


Ha sido un transitar íntimo que me ha ido revelando qué tengo para ofrecer y también cómo y qué debo recibir.

Enseñar ha sido, sin duda, uno de los regalos que me ha extendido el sendero.


¿Hoy comprendes mejor las enseñanzas de tu abuelo?

Sin duda. La conexión con Dios ha cobrado una profundidad y un sentido inimaginables.


Para mí, la espiritualidad va muy de la mano con lo que mencionaba sobre el amor. El amor permite la experiencia espiritual; están agarrados de la mano.


La conexión con el Ser Supremo no solo es individual, sino colectiva. Estar presentes y entregarnos a las personas o a aquello que estamos haciendo es una forma genuina de conectar con Dios.


Mi abuelo era una persona dedicada a compartir. Ese dar, ese compartir, ha constituido para mí la columna vertebral de lo que es la espiritualidad.


Ahora eres madre, ¿cuál es el legado que quieres compartir con tu hija?

Me fascina que a Bindu le encante cantar OM.


El Yoga es más que un estilo de vida. Creo que, al extender esa práctica y esa herramienta con ella desde pequeña, le servirá para lidiar con la vida.


Amaría que pudiera conectar con esto. Dependerá de ella en que grado hacerlo, pero confío en que le servirá como brújula para guiar su mente y su corazón, observar sus pensamientos y saber respirar.


Mejor dicho, desde que estuvo en la panza la hemos relacionado con esto, así que, de seguro, de alguna forma ya la ha impactado.


¿Cuéntanos cómo has forjado el estilo de tu práctica?

Me gusta contarles a las personas la importancia del Yoga desde todos sus ángulos. Lo físico -las asanas- son importantes, pero son una pequeña parte de esa montañota.


Considero necesario abordarlo desde donde lo entiendo. Sigo siendo una estudiante y hay mucho por aprender, pero lo que entiendo lo comparto con generosidad para extender una experiencia genuina.


La respiración, por ejemplo, nos aterriza en la presencia. Y es algo que no solo espero que se haga sobre el mat, sino que sirva para el día a día.


La conciencia del cuerpo nos trae al presente y empieza con la respiración; una vez conectamos con su fluir podemos observar con claridad cómo nos sentimos, cómo reaccionamos a los movimientos, hasta incluso saber como llevar un conteo...


Todo esto puede gestarse en el mat, pero es maravilloso cuando surge espontáneamente mientras estas, por ejemplo, en el trabajo.


Esa es la finalidad: transformar la vida desde ese lugar.


Mario dice que mis prácticas son pasivo-agresivas (risas). Pero creo que esa forma de compartir lo que conozco es también la manera cómo resuelvo unir los opuestos en la práctica.


Me gusta retar al cuerpo y a la mente. Es como la vida: te da golpes, pero luego te acaricia.

Quiero poder extender, a través de mi enseñanza, la práctica del equilibrio. En estos momentos es imprescindible mantenernos centrados, tanto física como mentalmente.



¿Qué entiendes por presencia?

La presencia, para mí, es ser conscientes de todo. (Risitas).


Ser conscientes de nuestro actuar.


Si estamos presentes, activamos una visión total desde la que operamos sin distracciones.

¿Por qué crees que la práctica es tan importante?


La disciplina es la base, la estructura que permite comprender el beneficio de algo.


La disciplina conforma el buen hábito, y los buenos hábitos crean tu realidad. Nos dan el camino para desarrollar nuestra mejor versión.

¿Consideras que el ser humano tiene un propósito?


El propósito del ser humano, para mí como creadora, es crear con amor, intención y propósito.


Sea lo que sea que hagas, esa debería ser la fórmula.


¿De que se trata tu proyecto, las Flores de Cattus?

Siempre tuve ganas de crear con materiales reutilizables. Soy una maniática del reciclaje.


El proyecto surgió hace ocho años para recoger fondos destinados a limpiar las playas del Pacífico.


Las Flores son la síntesis de cómo honrar la naturaleza, creando a partir de materiales que derivan de nuestro consumo y de los desechos que producimos. Me parece que, como seres humanos, es lo mínimo que podemos hacer por el planeta.


Mi casa se volvió un centro de acopio. (Risitas). Y me he casado con este oficio. Es la oportunidad perfecta para crear arte con conciencia. Es muy lindo poder transformar el potencial de algo que pensábamos que era inservible en algo que cuenta una historia.

Me llena el corazón poder trabajar con mis manos, y esto se articula muchísimo con lo que hace el Yoga en mi vida.


Poco a poco he ido encontrando la forma de unir estos mundos.


¿En que se corresponden el reciclaje y el Yoga?

En muchos sentidos.


Hay un sentido de responsabilidad y de trazabilidad.


Pienso en el Karma Yoga: la acción que provocó impacta lo que me rodea y define la forma en que me relaciono.


Se necesita estar atento a lo que se genera, pues, como todo suceso, es naturalmente cíclico. Aquello que doy al mundo es lo que me doy a mí misma.


Hace parte del poder que tenemos como creadores. 


¿Qué rescatas de tu último viaje a la India? 

Nunca se deja de aprender.


Solo practicando es posible articular lo aprendido.


¿Qué ensenanza resuena contigo?

Los Yoga Sutras de Patañjali son un gran mapa que guía lo que hago.


¿Alguna en particular?

No aferrarse a los pensamientos.


Los pensamientos deben aparecer y desaparecer.


Todo es pasajero, y esa cualidad impermanente es la forma más pura y directa de practicar el desapego. De otra manera, estamos creando cierta toxicidad que genera sufrimiento.


Un consejo para abordar el desapego.

Respirar los pensamientos.


Hay que buscar el silencio para propiciar una respiración consciente.


De seguro el pensamiento volverá, pero entregarse por completo al ejercicio es lo que permite que la práctica dé sus frutos.


¿Qué suceso ha partido tu vida en dos?

La llegada de Bindu.


Ha sido increíble. (Larga pausa).


Sin duda, es el proceso que me ha hecho enfrentarme como mujer y como ser humano.

Antes de Bindu no tenía intenciones de ser madre -era madre perruna-, pero al convertirme en su madre, me ha permitido habitar todas las emociones de una forma más visceral.


De repente, lo «entiendo todo».


Otro regalo que vino con ella fue la unión con Mario.


Nunca pensé en la palabra familia, pero ahora que la tengo, no concibo que no esté. Son indispensables en mi vida.


Mario me enseñó la palabra familia; Bindu, la palabra transformación. Y, al unirse, explotó mi universo.

Todo esto es amor, perseverancia, sentido, belleza...


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