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Paola Torres

10 jun
7 min de lectura

Actualizado: 11 jun

Masaje Fractal

Servidora y practicante

UNION: Espacio de prácticas



Un libro: Muchas vidas muchos maestros, Brian Weiss 

Una canción: A EME O, Andrea Echeverri

Un hábito: Sobrepensar

Una parte del cuerpo: Las manos

Una frase/frase: GRACIAS GRACIAS GRACIAS

Un animal: Gato

Un arquetipo: María Madre

Un momento del día: La noche


¿Quién es Paola?

No me gustan las presentaciones; siempre he sido apática a ellas. El tema de presentarme me resulta muy estructurado. Con cada persona la presentación es distinta, pues no represento lo mismo para todas. Cuando empiezo a hablar de mí, lo hago a través de historias. Siempre tengo historias, y más desde que comencé mi despertar.


Intento no extenderme en las formalidades, sino concentrarme en la historia que se desarrolla y se gesta cuando me encuentro con alguien.


¿Qué inspiró la búsqueda interna y la práctica?

Desde muy pequeña supe que tenía algo adentro que nadie en mi familia podía entender. Al no saber cómo abordarlo, empezó a manifestarse físicamente en síntomas que me generaban mucho dolor. Normalicé vivir con esto hasta que, a los 24 años, me dijeron que debían practicarme una colostomía reversible.


Enfrentar esa situación a esa edad, con un niño pequeño y una situación económica compleja, pensando que tendría que vivir mi vida defecando en una bolsa, me aterrizó. Algo tenía que hacer.


Me di cuenta de que en mi vida habían tocado a la puerta muchas formas de sanación que yo había ignorado. A partir de entonces surgió una sincronía perfecta: llegaron el Reiki, la reflexología, el Shiatsu, la medicina china… y todo comenzó a integrarse.


Pude visualizar todo lo que mi cuerpo y mi ser sentían sin ser juzgados. Siempre fui muy espontánea y cargué con comentarios como: «Habla menos, ríe menos, explora menos, siente menos…». Cuando descubrí el Tantra, la instrucción era justamente la opuesta: siente más, explora más.


Allí el dolor empezó a transformarse y a traducirse en placer. Encontré la sanación, encontré mi camino y comprendí que también podía sembrar mi propia semilla y compartir lo aprendido con personas que estaban en la misma búsqueda.

Sanar es un acompañamiento.


¿Qué otros caminos abrió?

Empezar a constelar fue muy potente. Comencé a ver que mi linaje de sanadoras era extenso. Yo veía mi matriarcado de una manera negativa, por ponerle un calificativo.

Venía de un linaje donde se educaba por medio de la violencia, sobre todo a través de la palabra. Venía de un lugar donde decirle a alguien «estúpido» era algo normalizado. No dimensionaba cómo estaba violentando al otro con esas palabras. Aplicaba la ley del hielo: si no haces lo que yo quiero o me gusta, te dejo de hablar. Para mí, eso no era violencia.

Constelar me ayudó a replantear esas estructuras y a reconectar con la información genética y mística femenina; a comprender que venir en un envase femenino nos representa de una forma muy particular. Nosotras tenemos acceso a muchísima información.


Venir de matriarcas, brujas y sanadoras que cargaban mucho dolor me permitió entender que muchas veces actuamos sin saber realmente lo que estamos haciendo. Reconocerlo desde el amor y la empatía cambió el foco.


Empecé a asimilar los poderes de mi abuela, mi madre y mis tías de otra manera. Fue tan revelador que allí cayó el velo de la violencia.



¿Qué otros pilares te acompañan? 

El estar sana y compartir la sanación se unen a través del pilar de la coherencia. Hacer el anclaje entre lo que pienso, siento y hago es lo que pone en marcha todo lo demás.


¿Cómo ha sido construir esa síntesis entre las prácticas que compartes al mundo?

Todas las prácticas son válidas y valiosas. El punto está en permanecer atento y ser coherente con quien uno es. Podemos adquirir mucho conocimiento, pero lo que realmente aplicamos es fruto del discernimiento.


Me gusta escuchar, y todo aquello que siento que puede aportar a lo que soy y a lo que estoy ofreciendo, lo tomo.


Profundicemos en cómo abordas los masajes.

Cuando alguien llega a recibir un masaje, no sabe muy bien a qué se enfrenta. Si nos vamos únicamente por la parte espiritual, muchas personas pueden sentirse perdidas. Hay muchas vertientes y no todos estamos relacionados con ellas.


Hablando de Colombia, venimos de una educación católica donde se nos enseña: «Pida y se le dará», dejando por fuera aquello que debemos hacer para conseguirlo.


Teniendo esto en cuenta, aprovecho mi servicio para compartir sobre la espiritualidad, recordando que es inherente a todos y a todo.


Si lo miramos desde la biología y la ciencia, activar la energía en el cuerpo empieza con la respiración. Respiramos espíritu. A veces lo hacemos conscientemente y otras, inconscientemente. También puede entenderse como activar los ganglios, el sistema linfático, el sistema endocrino, entre otros.


Aunque muchas personas no los conozcan a profundidad, les resulta más fácil conectar con estos conceptos. El masaje es para mí una forma de conectar las partes del cuerpo; una manera de activar la comunicación entre los diferentes sistemas y, en ese proceso, abrir la posibilidad de profundizar en temas más profundos.


Estudiar los Registros Akáshicos fue otra sincronía que le dio coherencia a lo que hago y reforzó la importancia de conectar disciplinas. De cada ciencia adquirimos algo para incorporar a la consciencia.


Poder acceder a información, bajarla del Akasha y conectar las canalizaciones en relación con la persona a quien atiendo me permite profundizar en mi servicio.


La Kinestesia es algo natural en mí; una herramienta muy útil para leer y comprender qué necesita cada quien. Eso me permite dar instrucciones en el momento idóneo y que la persona pueda experimentar los beneficios en tiempo real.


Muchas veces, incluso, conecto con algo de mí misma. Todas esas disciplinas me han moldeado. Pero no necesariamente creo que deba contar siempre todos los detalles. Yo trabajo con lo que surge de manera espontánea.


Alguien podría decir que es charlatanería, misticismo o cualquier otra cosa, pero todo este conocimiento existe y no necesita que tú creas en él para existir. No tiene ego.


¿Qué es el cuerpo para ti?

Es la herramienta principal para este juego, esta matriz, esta encarnación. No existe otra manera de estar aquí.


Podemos vivir, meditar y relacionarnos con otros únicamente a través del cuerpo.


Podemos acceder a los estudios más avanzados, pero si no los filtramos a través del cuerpo, no pueden convertirse en conocimiento.


¿Cómo es tu relación con las manos?

Cuando empecé este proceso, la mejor manera de conectarme fue a través del tacto. Abrazo demasiado. La kinestesia del tocar provoca una conexión y una coherencia con aquello que estoy tocando. La experiencia de sentir al otro es muchísimo más amplia que llegar, por ejemplo, a un acto genital.


El tacto está en todo. Hay muchísima información allí. Podría hablar de la piel, pero las manos tienen un gran poder.


Recuerdo a mi matriarca principal, mi abuela, diciéndome que no se tocaba al otro, que no había que tocarse. Crecí pensando que tocar y tocarse eran pecado.


Hay muchos profesionales en mi área que realizan los masajes con guantes. Existe una idea muy fuerte de la contaminación. Para mí, eso constituye una gran barrera. Vivimos rodeados de hongos, bacterias y microorganismos. Colectivamente atravesamos una etapa en la que tocar equivalía a la muerte. Esa fue una gran ruptura de la información.


¿Cómo podemos sensibilizarnos con el tacto?

Tocándonos.


Decirlo públicamente puede impactar. Existe mucha timidez frente al acto de tocarnos. Incluso saber que otros podrían vernos hacerlo puede resultar intimidante.

Y cuando hablo de tocarnos, no me refiero únicamente a lo genital. Nos han separado del tacto cuando este constituye el vínculo, la cercanía.


Cuando un bebé nace prematuro necesita contacto piel con piel para fortalecerse. Se ha observado que necesita a mamá y a papá. Necesita calor humano. Necesita piel.


En el tacto hay electricidad todo el tiempo. Si un bebé recién nacido necesita piel para desarrollarse, ¿qué nos dice eso sobre nosotros cuando nos sentimos vulnerables? ¿Qué necesitamos entonces? Muchas veces el error está en que lo primero que hacemos es aislarnos.


Hay personas que nunca se han tocado los pies porque piensan: «¿Para qué?». Tenemos que empezar por reconocernos.


¿Qué entiendes por conocimiento?

La información existe, pero la formación la adquiere y la construye cada persona.

Venimos de una educación que nos hace competir por el conocimiento. Pensar que sabemos más que el otro es ofensivo y violento.


Tú y yo podemos estar tomando la misma clase —de cábala, de tarot o de cualquier otra disciplina—, pero jamás podremos interpretar lo que recibimos de la misma manera.

Cuando me dicen que otra persona va a hacer masajes, me parece maravilloso. Cada quien aborda los saberes desde quien es.


¿Consideras que hay una finalidad?

Creo que para todos existe un gran propósito cada día.


Me gusta hablar desde mi experiencia personal, porque no puedo vivir la vida de nadie más.

Maternar, a pesar de los retos, ha sido mi gran propósito. Ver a ese hombre en quien se ha convertido mi hijo es un gran propósito.


Incluso ahora estoy transitando hacia otros propósitos, reconociéndome como alguien que también está maternando otras cosas: su quehacer, sus proyectos, el proceso de ya no tener a quien cuidar de la misma manera. También implica tener la compasión de sentirme triste y saber qué hacer con esa tristeza.


En cuanto a una finalidad, siento que nos vendieron muchas ideas, pero no creo que exista una finalidad ni para la materia ni para lo intangible. Todo pasa; el punto es estar presente.



¿Cuál es el rol del individuo con respecto al todo?

Siento que la individualidad no existe.

No somos individuos aislados, nos nutrimos del todo.

Sin embargo, no todos nos nutrimos de la misma manera. Allí aparece la idea de la individualidad: en cómo cada uno experimenta ese todo.


¿Hay algo que cambiar?

No hablaría de cambiar ni de aceptar.


Conocernos es entender que todo lo que transcurre en nuestra vida es perfecto. Llevamos mucho tiempo viviendo en el desconocimiento; no nos reconocemos.


Yo puedo tener un martillo y verlo como un arma mortal o como una herramienta maravillosa. Todo depende de cómo lo miremos y del valor que le otorguemos.


¿Una gran inspiración en tu vida?

Mi hijo. Mi maternidad. 


¿Qué es para ti el servir?

Estar dispuesto a no entrometerse cuando no se es llamado.


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