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De Acuario a Piscis: El despertar de una nueva visión


A medida que el calendario gregoriano avanza de forma convencional, en Oriente, este 17 de febrero se da inicio oficial al año del Caballo de Fuego. A diferencia de Occidente, esta fecha no es fija, sino que se determina según el ciclo lunar, celebrándose siempre en la segunda Luna Nueva después del solsticio de invierno.



En esta ocasión, la celebración oriental coincide con un evento astronómico y astrológico excepcional: la Luna, al unirse al Sol en su danza cósmica, nos entrega un eclipse anular de Sol que se expresa a través del signo de Acuario.


Cuando la Luna cubre al Sol, se revela un símbolo profundamente significativo. Es, simbólicamente, una interrupción a la luz de la conciencia en algún aspecto de nuestra vida; un vacío necesario que nos permite abrirnos a soltar las viejas identidades con las que solemos sobreidentificarnos. Es el momento de retirar capas, de permitir que poco a poco emerja lo que realmente somos. Pero para ello es indispensable atrevernos a habitar el vacío, la incertidumbre, la pérdida o incluso el duelo, creando así el espacio para lo nuevo: para el deseo del alma, la autenticidad del ser y la manifestación de una vida alineada con nuestra verdadera voluntad.


Posterior al eclipse, el 18 de febrero, el Sol continúa su camino e ingresa en Piscis, el último signo del zodiaco, que con su energía nos prepara para el cierre y el inicio de un nuevo ciclo astrológico. La temporada Piscis nos invita a cambiar de frecuencia, a conectar con los planos más sutiles de la existencia y con el campo espiritual. Nos recuerda que, incluso en medio de la oscuridad, siempre hay un rayo de luz sosteniéndonos, impulsándonos a transformar desde adentro el miedo en fe, la tristeza en compasión, la rigidez en flexibilidad y la incertidumbre en expansión.


El movimiento celeste continúa, y el 20 de febrero, viviremos uno de los eventos astrológicos más destacados de 2026: la conjunción exacta entre Saturno y Neptuno en el grado 0°45’ de Aries, formando además aspectos relevantes con Plutón y Urano. Se trata de una configuración poco común, especialmente porque ocurre en el grado iniciático de Aries y del zodiaco, coincidiendo con el equinoccio de primavera, lo que le otorga una influencia colectiva muy marcada.


Esta energía puede manifestarse de forma polarizada: por un lado, una parte importante de la población mundial rechaza abiertamente las guerras; por otro, se intensifican las iniciativas bélicas y la radicalización ideológica en distintos sectores.


Durante este tránsito podríamos ser testigos de una desintegración progresiva del enfoque materialista o netamente científico que sostienen los sistemas de poder actuales. El colapso de estructuras antiguas puede ser el preludio necesario para la apertura hacia un renacer espiritual, impulsado no por instituciones, sino por un profundo cambio psicológico gestado en cada individuo.



Entre tanto, los planetas personales continúan su viaje: el Sol, Venus, Mercurio y Marte transitan por Piscis, mientras Júpiter permanece en Cáncer, evidenciando el predominio del elemento Agua a finales de febrero e inicios de marzo. Será un período ideal para fomentar prácticas introspectivas que favorezcan la regeneración física y psíquica —como la meditación, el arte, la música o enfoques de la psicología profunda—. Sin embargo, será importante no dejarnos arrastrar por nuestras propias aguas: los pies deben permanecer en la tierra para sostenernos en equilibrio.


Para el 3 de marzo, la Luna alcanzará su plenitud energética, y mientras el Sol la ilumina desde Piscis, se producirá un eclipse total de Luna en Virgo. Y así como en el plano externo pueden manifestarse fenómenos ocasionados por esta energía como cambios en las mareas o movimientos telúricos, en nuestro mundo interior las emociones también podrían intensificarse.


Las lunas llenas siempre serán de gran utilidad para identificar donde debemos recuperar el equilibrio, pues suelen hacer visibles o “magnificar”, aparentemente, problemas o situaciones preexistentes. La invitación es integrar la polaridad Piscis-Virgo en nosotros, a purificar nuestras emociones y poner nuestra energía física y mental al servicio de algo mayor, trascendiendo la visión separativa del ego. La energía de Piscis se siente aún más liviana ya que Saturno salió del signo, en esta temporada nos anima a observar nuestras fantasías, a permitirnos soñar y a escuchar la voz del inconsciente a través de los sueños. Pero, sobre todo, nos invita a confiar en que estamos sostenidos por una inteligencia divina que susurra suavemente: si puedes imaginarlo, puedes crearlo.


¡Hemos llegado al momento de la acción!



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Colaboradora: Ana Laura Gutierrez

Ana Laura es astróloga y taróloga con un enfoque espiritual y terapéutico. Su visión integra alma y cuerpo desde una perspectiva holística, en diálogo con los ritmos de la naturaleza y la sabiduría ancestral. Acompaña procesos de autoconocimiento y sanación a través de la lectura simbólica y la escucha profunda. Con formación en odontología, su recorrido une ciencia y sensibilidad, ampliando su comprensión del bienestar como una experiencia integral.


Redes: @astralau_

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